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Combinación de queso, pan y vino

¿Vino tinto con queso? Buena idea, pero ¿por qué no con vino blanco? Algunos vinos blancos forman unos acordes perfectos con el queso, ¡pero es necesario tener nariz para casarlos correctamente! ¿Y el pan en todo esto? Aquí también hay que saber elegir, el pan debe sublimar el carácter de un queso, ensalzar sus sabores y completarlos con sutileza. Entremont te da lagunas claves para lograr con éxitos este ménage à trois.

 

Pan y queso

Para empezar, fácil, ¡el pan rústico va con todos los quesos! Práctico y copioso, con sus grandes y densas rebanadas, es ideal para hacer bruschettas y croques-monsieur.

Para los quesos de pasta blanda tipo Camembert, Brie, Chaource, una baguette "a la francesa" es lo más apropiado. Ofrece un sabroso contraste entre la cremosidad del queso y la textura crujiente de la baguette.

Bleu du Vercors, Fourme d’Ambert y otros quesos azules se aprecian mejor con pan de centeno. Además, se conserva mejor que el pan blanco, hasta dos o tres días si se guarda envuelto en un paño limpio.

¿Ganas de originalidad y de fantasía? Piensa en la dulzura de un pan con higos o un pan con pasas para ensalzar la fuerza de un queso azul. Y para las fiestas, muestra tu audacia con un pan de jengibre... ¡una verdadera delicia!

Para las quesos potentes como el Epoisses, el Morbier, el Reblochon, opta por un pan con frutos secos (orejones, higos...). La dulzura de la miga contrasta con la potencia del queso y lo suaviza para crear un equilibrio divino en boca.

Para el Beaufort, el Comté y otras pastas prensadas cocidas, te recomendamos pan con nueces, avellanas o almendras, para que haga eco con los sabores de avellana que desprenden estos quesos. Pero para un consumo diario, la baguette será suficiente, la ligereza de la miga se asocia a la perfección con la densidad de estas pastas.

Nos quedan los quesos de cabra. Se asocian divinamente con una fougasse o con un pan con aceitunas para finalizar la comida con un toque sabroso.

 

Vino y queso

Las pastas prensadas cocidas como el Comté, el Emmental, el Gruyère, el Beaufort tienen que degustarse con vinos blancos maduros, un Merusault por ejemplo.

Las pastas prensadas no cocidas, tipo Cantal, Salers, Morbier, Saint-Nectaire, deleitarán al paladar acompañados de vinos tintos carnosos y especiados (Côtes-du-Rhône villages, Gaillac) o con vinos blancos del Jura y de Saboya.

Para el Camembert, Brie, Coulommiers y las pastas blandas con corteza florida, busca vinos tintos ligeros, suaves y afrutados como un Beaujolais, un Touraine o un Côtes-du-Rhône... ¿y por qué no un champán para los días de fiesta?

Un Gewürztraminer, vino blanco potente, aromático y vivo tendrá un efecto especial con quesos de pasta blanda con corteza lavada como el Epoisses, el Reblochon, el Maroilles o el Munster. Pero también puedes combinarlo con un champán maduro, que responderá perfectamente a la potencia de estos quesos.

Las pastas azules del Roquefort y otros quesos azules se asocian habitualmente con vinos tintos suaves naturales del tipo de Banyuls, Rivesaltes, Maury o vinos licorosos como el Cérons o el Sauternes. Es la promesa de una buena combinación entre potencia aromática y grasa del queso.

¿Y los quesos de cabra en todo esto? ¡El Chabichou, el Crottin de Chavignol y el Saint-Félicien también tienen sus vinos fetiche!  Más bien blancos, frescos, vivos y afrutados como un sauvignon (Sancerre o Pouilly-Fumé). Si el queso de cabra es seco, selecciona mejor un vino más rústico con un carácter más afirmado.

Para quesos frescos y requesones servidos con azúcar o con miel (Fontainebleau, Petit-suisse) puedes proponer un vino dulce aromático como el Gewurztraminer, el Pinot gris o el Jurançon. Si se  sirven salados, entonces combínalos de preferencia con un vino blanco seco aromático (Condrieu, Pinot gris de Alsacia) para exaltar la frescura del queso.

De manera general, lo que debes tener en cuenta a la hora de elegir un vino para combinarlo con un queso es privilegiar las asociaciones con productos procedentes de una misma tierra y región. Por ejemplo, degusta siempre un Tomme de Savoie con un vino de Saboya, un Munster con un Gewurztraminer o un Saint-Nectaire con un vino tinto de Côte d’Auvergne.

Y a los que no les gusta el vino, ¡no pasa nada! La sidra, la cerveza o el aguardiente se combinan de maravilla con algunos quesos. Aún más razonable, un agua con finas burbujas, un mosto o un zumo de manzana poco azucarado respetarán todos los sabores del queso al final de la comida.